jueves, 30 de abril de 2015

¿What about love?. ¿Qué hay del amor?. VOL 1.

Nota del autor. Algunos nombres de personas en esta historia serán cambiados para respetar sus identidades.












¿Que hay del amor?. Es una buena pregunta. Empecemos por el principio para contextualizar; soy 100% heterosexual y desde muy niño me di cuenta, no tengo rollo con la homosexualidad, solo que creo pertinente para hablar del tema que sepas que mi historial es totalmente straight. Resulta que desde muy niño fui muy enamoradizo, como te comenté en algún post anterior, desde el jardín pre-escolar ya andaba siendo víctima de las niñas (tranquilas, víctima solo es un decir, no es literal). Y así fue, en el colegio desde que entré me tragué de una niña, Sofía era la niña más hermosa que yo había visto, esos ojos, ese cabello, era algo para mi mágico, tan mágico y tan puro al mismo tiempo, que durante 11 años que estuve en ese colegio, nunca dejó de gustarme, y aunque de vez en cuando hubo un par de niñas que me llamaron la atención, siempre fue Sofía la dueña de mis ojos y mi corazón en el cole, más nunca fui correspondido, yo era todo lo contrario a lo que ella le gustaba, era bajito, narizonsito, inmaduro al punto de ser mamón, no era popular... En fin, solo era un compañero de estudio más. Tocó aprender a vivir con esa traga maluca de todo el cole, no encajaba directamente en lo que podría llamarse un galán, todo lo contrario, me sentía destinado a ser el "amigo" de todas, el que le confiaban incluso intimidades y uno por dentro mordiéndose una weva - ¿Por qué me tienes que contar eso si sabés que me encantás? - pero bueno, era mejor eso a tener una vida completamente alejado a la más linda de las torturas que suelen ser las mujeres. Pero, hacia final del colegio, descubrí lo que podría ser mi "Modjo", el hecho de ser ensimismado y de ser una persona que para ellas era confiable, era la carta que tenía para jugar a mi favor. El ser callado y que hacía las cosas sin alardear comenzó a darme ventajas sobre el resto de la manada, aunque, como siempre, de manera callada. Te explico, hubo un par de veces en que niñas que me parecían muy bonitas, que en el cole ni me daban bola, me pusieron citas con alguna excusa que en el momento me creía, pero resulta que fue mi inicio en una carrera "criminal" en ascenso... Jaja. Esas niñas de las que todos hablábamos en el cole, me citaban a mi en sus casas para darnos piquitos, eso sí, quedemos claros, hasta casi terminado el cole, solo fueron piquitos. Pero bueno, yo no me ponía bravo porque me "usaran" para darnos piquitos, yo me dejaba. Fue hasta el 29 de mayo de 1999 que tuve mi primera experiencia sexual real. No creas que se me salió el lado femenino al acordarme de la fecha exacta de cuándo perdí mi virginidad (teniendo solo 8 años tuve mi primera experiencia de este tipo, más no la tomo en cuenta pues ella tenía 14 y a mi ni babitas me salían), es solo que fue un día después que mi papá, partiera para Estados Unidos en un viaje sin fecha de regreso, despidiéndome con las lágrimas en los ojos diciéndome - Ahora eres el hombre de la casa - aún no logro recordar ese día sin sentir un nudo en el pecho, y fue precisamente Claudia, quien al siguiente día, de la forma menos esperada, llegó a mi casa con la excusa que saliéramos a tomarnos o comer algo por ahí, como efectivamente sucedió, no sin antes, sin querer queriendo mostrarme que iba con otras intenciones y me puso a perder el año ese día, me indigné tanto que después de volver de salir a escuchar cuenteros en la "Loma De La Cruz" en Cali, volvimos a mi casa y diciéndole "Vení te muestro como alumbran las estrellas en mi cuarto" (en ese tiempo tenía luz negra y estrellas recargables en mi habitación) y me des-indigné, sin importar que abajo estuviera mi mamá, mi hermana y su novio. Ese cuento duró mucho tiempo, Claudia normalmente tenía novio, pero me llamaba para el popular y conocidísimo "repasis" y yo ni corto ni perezoso lo hacía. Yo había asumido la posición que en el cole había aprendido, manejar el bajo perfil, comer callado pues el que come callado come dos veces, así que no me preocupaba. Eso sí, desde el principio, las clases de educación sexual en el colegio surtieron efecto y siempre tuve una sexualidad responsable.
En mi vida te puedo enumerar a la fecha 4 amores. El primer amor o ilusión fue Camila, una niña que practicaba patinaje en la escuela de esta modalidad donde yo enseñaba al poco tiempo de salir del colegio. Esta niña me transportaba, aunque había un problema, yo tenía 16 años y ella tenía 13, yo la veía literalmente como una niña, pero curiosamente, en ese momento, cuando la conocí, Camila tenia un novio de 22 años... Así es, un man de 22 años era el novio de una niña de 13 añitos. Pero bueno, verla patinar, con su blanca y lozana piel, unos ojos azules profundos, hermosos que me hacían adentrarme en ellos y navegarlos. ¡Me encantaba!. Con ella, en ese entonces, no pasó nunca nada, aunque al poco tiempo de conocerla terminó con su novio y nunca escondimos lo que sentíamos el uno por el otro, nunca se dio nada más que un esporádico piquito por aquí y otro por allá. En ese cuento, estuvimos dos años hasta que llegó mi primer verdadera experiencia en el amor, el amor real, al menos el de pareja. El destino cruzó por mi vida a Cristina, una hermosa morena, con una belleza exótica cautivadora, un cuerpo alucinante, perfectamente proporcionado y un derriér que ay Dios!, la misma Ana Kournikova envidiaría, además de eso adornado en la parte superior de este con un tatuaje de dos dragones con el símbolo griego de libra, aún hoy recuerdo ese tatuaje y... Mejor dicho, sigamos. Cristina vivía en USA. Si bien es colombiana, desde muy pequeña partió a vivir a México y hacia los 14 años ya se había radicado con su familia en Miami. Era la menor de 3 hermanas, y como suele suceder especialmente en familia de mucho dinero, el hijo menor tienden a descuidarlo por pretender suplirle todo con cosas y no con tiempo de calidad, en pocas palabras, había terminado en Colombia de nuevo, donde su abuela, pues se había metido en problemas con la justicia en USA y como estaba a poco menos de un año de cumplir los 18 años, corría el riesgo que la juzgaran como mayor de edad, así que fue enviada para justificar una terapia psicológica y que su problema se resolviera más como el de una menor confundida. Era una mujer hecha a mi medida, no por los problemas, sino por ella como tal. La conocí solo un par de días antes de mi cumpleaños 18, y la ocasión perfecta para que todo iniciara fue que un día después me hice mis dos primeros tatuajes que me los hice a mis 17 años y 364 días. Llegué ese día, se los mostré, charlamos al respecto y aproveché la oportunidad para invitarla que me acompañara a mi cumpleaños, ese día pensaba hacer una reunión sencilla con mis compañeros del cole (aún estaba la nostalgia de los recién egresados) a lo que ella accedió. Intercambiamos teléfonos y quedamos para recogerla y por supuesto, llevarla de vuelta a su casa. La noche transcurrió de manera normal. Mis amigos partieron hacia su casa y no sé cómo en un pequeño abrir y cerrar de ojos, Cristina y yo estábamos envueltos en un beso que me hizo sentir un corrientazo recorrer todo mi cuerpo (mujeres que besen rico y ella). Estamos hablando de noviembre 29 de 2001, la llevé donde su abuela, nos despedimos con otro beso y al otro día, la llamé y le dije que había sentido algo extrañamente especial con esos besos, que no me importaba estar diciéndole eso a menos de 24 horas de habernos dado el primero beso, pero que quería ir en serio con ella. Para mi sorpresa ella me dijo que sintió lo mismo, y que sí, que quería ir en serio conmigo... En ese momento me eleve al menos un metro del piso, no caminaba, levitaba, tenía mi primer novia oficial. Con ella todo rayó en la perfección, recuerdo como muchas veces por pendejadas, ella con su carácter se molestaba, pero yo salía con cualquier babosada y con esa hermosa sonrisa me decía -Yo no soy capaz de enojarme contigo- me daba un beso, me enamoraba más y todo volvía a la normalidad. Ella y yo nos compenetramos demasiado, estábamos casi que hechos a molde, no habían disgustos prolongados, nuestras familias nos aceptaron muy bien (al menos la familia de ella acá en Colombia), ante todo éramos muy amigos, ni qué decir de la parte sexual, mi mejor amigo del momento terminó de novio de su prima, en fin todo era perfecto. Navidad y año nuevo fueron perfectos hasta que llegó la noticia que ella debía volver. Yo no sabía qué hacer, pero como una señal divina, entró al poder el señor Alvaro Uribe, el cuál decía que llamaría reservas del ejército para combatir a la guerrilla y como yo estaba ya en edad en la que dado esa eventualidad podría ser reclutado, mi papá me dijo -Se viene ya para acá antes de ir a darse "Chumbimba" con esos campesinos ignorantes- Fue la excusa perfecta para no terminar la relación con Cristina, me iba para USA, además que cuando mi hermana salió del colegio en el 97, se había ido medio año a estudiar allá, también quería hacerlo, en fin, todo volvía a encajar en mi vida. No sin antes recibir unas cuantas cartas de Camila vía e-mail, disculpándose conmigo por no haber tenido el coraje de tener nada conmigo, diciéndome que le dolía verme partir con Cristina y que además tenía sentimientos fuertes por mi... WTF?. Me fui el 2 de febrero del 2002 a USA, con una maleta cargada de mucha ropa, ilusiones y el amor a flor de piel, ella llegó a Miami el 4 de febrero, la esperé en el aeropuerto y ahí encontré la primer barrera para nuestro amor... Ella al salir de recoger la maleta y verme, me dio un abrazo delicioso, acto seguido volteó a saludar a su mamá y hermana que habían ido por ella, yo no sabía hasta ese momento quienes eran, pero en fin, la mirada de la señora activo mis alarmas. Estuve con ella todo el día, conocí su casa en Miami y hacia las 8 de la noche, la mamá dio a entender que debía irme. Así fue, nos despedimos, yo me fui caminando hasta el parqueadero de un centro comercial cercano y esperé a mi papá por más de 4 horas, sentado en el andén, aguantando frío pues aún se estaba saliendo de invierno y a eso súmale de que mi papá trabajaba esa noche, del sector de donde vivíamos y él trabajaba, era aproximadamente media hora de camino y por si fuera poco, obviamente mi papá no conocía el sitio donde ella vivía.

En fin, la dicha de nuestro amor nos duró 15 días más estando yo en USA, recuerdo que la penúltima vez que la vi fue el 14 de febrero del 2002, cuando le llevé un peluche "Igor"(el burrito de Winnie The Pooh), un globo de "Winnie Pooh" y una carta hecha a mano (bastante cursi, eh?, no importa, era San Valentín y allá si se celebra de verdad), a ciencia cierta no entendía las razones, no sabía si se le había acabado súbitamente el amor, si en su casa le habían puesto problema (su mamá, con el papá tuve excelente relación), si sus problemas legales no le dejaban cabeza para ocuparse de otros asuntos... En fin. Canalicé mi frustración caminando más de 40 minutos diarios a la escuela donde estudiaba y perfeccionaba mi inglés y al menos 4 horas de gimnasio diario, saliendo de este y quedándome en la oficina de la Manager del gimnasio, hablando mucho, esperando a que su novio la recogiera o hasta que cerraran el gimnasio. Me fui de Colombia pesando 63 kilos, y decidí volver el 4 de mayo del 2002, no sin antes despedirme de mi amor en una banca de un gran jardín que había en el frente de su casa, pesando 73 kilos, lleno de músculos, pero un corazón blandito y quebradizo. Volví a Colombia a retomar mi vida, buscar estudiar, buscar trabajar de nuevo, retomar mi deporte y tratar de sanar mi corazón que por primera vez en mi vida, estaba realmente destrozado.
Aunque mantuvimos el contacto un tiempo y esporádicamente hablábamos por teléfono e incluso me contaba problemas con su pareja, pasaron unos cuantos años antes de volver a ver a Cristina personalmente. Ella había vuelto al país, un tiempo atrás pero vivía en Bogotá en esa época y yo en Cali, pues se había casado con un famoso cantante que en sus canciones siempre manda a decir que "le abran que es él". Alguna vez fue a Cali y tuvimos la oportunidad de reencontrarnos personalmente, esa historia te la dejo en continuará. Sé que sigue casada, si es feliz o no lo desconozco, pero ya tiene dos hijos y aparentemente un hogar estable. Eso me hace feliz.

De todas las formas posibles de tortura,
Es el amor con la que prefiero autoflagelarme.
 
-Yo-

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